Existo como soy – aunque a veces me vuelva melancolía. Soy fuerte, me dijo. No pretendía deshacer su tristeza que le abrigaba en aquel momento. Simplemente deseaba comprenderla y entenderla. Tenía los ojos aterciopelados y húmedos, ojos oscuros y redondos que brillaban de franqueza y firmeza; de rebeldía y vida. Una energía mediática y poética, teñía todos sus gestos. Ella era una mujer audaz y atrevida con grandes ideas. Hablábamos de la teoría de cuerdas, de la geometría fractal y de la metafísica del sexo. Nunca voy olvidar cuando aquella noche me dijo: ¿Sabes? Yo estoy hecho de otra tela más fuerte. Sé cómo es este mundo. Tú, no. Tú eres un soñador. Un romántico. Un idealista. Tu no sabes, ni imaginarías nunca, lo mala y egoísta que son las personas. Tú sólo vez el lado bueno de todo el mundo. Eres puro, eso es tu debilidad, tu crucifixión y tu bendición. No supe qué responder. Sonreí tenuemente y le cerré la boca con un beso. Ella me rodeo con los brazos y apretó con fuerza su cálido cuerpo contra el mío. En ese instante sentí que una lágrima le corría por la mejilla. Sé que nunca más nos volveremos a ver, me susurró… Donde quiera que esté ella, yo estoy en absoluta oscuridad. Sus recuerdos arden en los clavos, donde me agarró con fuerza – mientras me hundo en la extinción…

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante