Ella me miró firmemente retándome con la mirada. ¡Era maravillosa, Su cuerpo era potente, ofensiva y sexy. ¡Ojos de amanecer, labios de almíbar! Por un buen rato la mire completamente hechizado y embrujado, tuve la extraña sensación de mirar a mi destino. Por mis ojos pasaban extrañas visiones y alucinaciones. El sol estaba muy bajo casi acariciando la tierra. Había llegado la primavera, esa delicada y fresca estación en que todo cambia de color y de pena. En ese momento sentí la sangre golpear mis venas con más fuerza. Hola me llamo abismo, le dije. Ella sonrió y echó su pelo para atrás con una de sus manos de seda. Podría jurar que ese instante se volvió poesía…

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante