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Victoria se había ido de mi vida

Victoria se había ido de mi vida, un día simplemente desapareció pura e infinita. No supe nada de ella, no volví a verla. Desde aquel día empecé a leer mucho y a beber mucho. Y mis penas caían como polen entristeciendo a las flores. Los días pasaban como un sueño, y las noches eran la continuación de otro sueño. Sus recuerdos penetraban mi pecho como flechas envenenadas con amor. Cuando estaba toda acicalada y coqueta me preguntaba si estaba bonita y la quería. Yo instantáneamente sonreía y le decía que sí. La rodeaba con mis brazos y le daba un beso ligerísimo. Y le susurraba al oído palabras sin sentido que ella sentía. La esperé cien días y cien noches solo – acompañado de mi deliciosa soledad. Hasta que un día regresó alegre y dichosamente con sus pasos gloriosos. Sin decir una palabra me abrazo y cuando abrió sus brazos – yo ya no existía…

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante

Cada vez que la vuelvo a ver es como volver a nacer

De nada sirve que la estudie – poro a poro, vello a vello, beso a beso, – pies, manos, cabellos, orejas, lunares, pechos, – que la recorra del ombligo a la boca y de la boca a los ojos y de los ojos al alma. A la mujer que embisto, araño, muerdo, estampo contra cielo, asfixió a besos. La mujer que tenía el pelo negro y ahora es castaña, que había sido y será otros colores, otros arrebatos, otras intensidades, otras locuras, otras mezclas prohibidas de trapo y maquillaje. Es más fascinante y misteriosa que nunca podría haber imaginado, comprendido y soñado… Es capaz de abrazarme como una madre, calentarme como una amante y despedirme como una ninfa… hecha de ternura y cristal de venus. Cada vez que vuelve, se esta yendo – cada vez que se va, se queda un poco. Sabe querer como nadie y siempre cree que da poco… Y siempre quiere hacer lo correcto y es incorrectamente perfecta. Pienso en lo maravilloso que es existir, simplemente para verla sonreír. En cómo cambia cada minuto, nunca la veo dos veces del mismo modo. Había pedido un mujer a la vida y me a dado una reina. Que devolvería las lágrimas que he derramado por todas las anteriores. Le amo del verbo “amar” tan profundamente, tan completamente, que cada vez que le vuelvo a ver – es como volver a nacer.

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante