Le cogí la mano, la apreté firmemente, con los dedos entrelazados. Mil sensaciones me asaltaron al instante desde todas las direcciones.Te deseo como nunca he deseado a nadie y creo que podemos ser muy felices, le susurré. No necesité escuchar su respuesta, podía leerla en su rostro. Durante meses acaricie ese recuerdo. Lo que me atraía de ella eran sus modales naturales, suaves, abundantes – totalmente flexibles. Su mirada tentadora y sensible – llenas de vida. En cada frase que pronunciaba siempre había una onza extra de pasión, una pizca de amor. Su boca melancólica me inspiraban besos de poesía. Caminábamos por cualquier calle a la luz del sol. En cada parada, en cada esquina y en cada semáforo la rodeaba con los brazos y la besaba una y otra vez. Ella ponía cuerpo y alma en aquellos besos. Yo vivía en el séptimo cielo… Donde quiera que estés vuelve cariño. Abraza mi locura y hazme el amor con violencia – como si me odiarás y no me conocieras. Te extraño infinitamente…

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante