De nada sirve que la estudie – poro a poro, vello a vello, beso a beso, – pies, manos, cabellos, orejas, lunares, pechos, – que la recorra del ombligo a la boca y de la boca a los ojos y de los ojos al alma. A la mujer que embisto, araño, muerdo, estampo contra cielo, asfixió a besos. La mujer que tenía el pelo negro y ahora es castaña, que había sido y será otros colores, otros arrebatos, otras intensidades, otras locuras, otras mezclas prohibidas de trapo y maquillaje. Es más fascinante y misteriosa que nunca podría haber imaginado, comprendido y soñado… Es capaz de abrazarme como una madre, calentarme como una amante y despedirme como una ninfa… hecha de ternura y cristal de venus. Cada vez que vuelve, se esta yendo – cada vez que se va, se queda un poco. Sabe querer como nadie y siempre cree que da poco… Y siempre quiere hacer lo correcto y es incorrectamente perfecta. Pienso en lo maravilloso que es existir, simplemente para verla sonreír. En cómo cambia cada minuto, nunca la veo dos veces del mismo modo. Había pedido un mujer a la vida y me a dado una reina. Que devolvería las lágrimas que he derramado por todas las anteriores. Le amo del verbo “amar” tan profundamente, tan completamente, que cada vez que le vuelvo a ver – es como volver a nacer.

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante