Copyright 2017 Christiam Bustamante. All Rights Reserved

Ella me hablaba con sus ojos, y yo le miraba con mi boca

Ella me hablaba con sus ojos, y yo le miraba con mi boca. Y así en silencio – liberé sus pies de sus tacones y sus medias – arrancándola una tonelada de tristeza. Aquella noche bailamos descalzos a las orillas de su enorme y extensa cama. La besé tantas veces como puede – bajo el cielo infinito. Su piel desnuda filtraban mis ideas, transformándola en versos perdidos en el espacio y devorados porel tiempo. Mientras su olor a tierra mojada, a libertad, a sexo, a amor y a abismo – invadían mis bosques pulmonares – arrojándome y ahogándome en las profundidades marinas del placer. Es tan corto el gemido del orgasmo y tan largo el aullido del olvido. Pienso en ella, dondequiera que me siente, y siempre hay dos tipos de música sonando: una amarga y otra dulce y todo gira y gira como planetas llenos de recuerdos. Recuerdos de nuestras charlas intermitentes. Recuerdos de que cuando me pedía besos – mordía trocitos de felicidad. Recuerdos de aves fugitivas que construyen una y otra vez con palitos y ramitas – nidos de amor – como nosotros lo hacíamos. En el fondo todo lo que quiero es – volverla a ver – en el amanecer – con el alma despeinada, con los ojos llenos de vida y las sonrisas sin riendas.

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante

Su boca melancólica me inspiraban besos de poesía

Le cogí la mano, la apreté firmemente, con los dedos entrelazados. Mil sensaciones me asaltaron al instante desde todas las direcciones.Te deseo como nunca he deseado a nadie y creo que podemos ser muy felices, le susurré. No necesité escuchar su respuesta, podía leerla en su rostro. Durante meses acaricie ese recuerdo. Lo que me atraía de ella eran sus modales naturales, suaves, abundantes – totalmente flexibles. Su mirada tentadora y sensible – llenas de vida. En cada frase que pronunciaba siempre había una onza extra de pasión, una pizca de amor. Su boca melancólica me inspiraban besos de poesía. Caminábamos por cualquier calle a la luz del sol. En cada parada, en cada esquina y en cada semáforo la rodeaba con los brazos y la besaba una y otra vez. Ella ponía cuerpo y alma en aquellos besos. Yo vivía en el séptimo cielo… Donde quiera que estés vuelve cariño. Abraza mi locura y hazme el amor con violencia – como si me odiarás y no me conocieras. Te extraño infinitamente…

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante

Victoria se había ido de mi vida

Victoria se había ido de mi vida, un día simplemente desapareció pura e infinita. No supe nada de ella, no volví a verla. Desde aquel día empecé a leer mucho y a beber mucho. Y mis penas caían como polen entristeciendo a las flores. Los días pasaban como un sueño, y las noches eran la continuación de otro sueño. Sus recuerdos penetraban mi pecho como flechas envenenadas con amor. Cuando estaba toda acicalada y coqueta me preguntaba si estaba bonita y la quería. Yo instantáneamente sonreía y le decía que sí. La rodeaba con mis brazos y le daba un beso ligerísimo. Y le susurraba al oído palabras sin sentido que ella sentía. La esperé cien días y cien noches solo – acompañado de mi deliciosa soledad. Hasta que un día regresó alegre y dichosamente con sus pasos gloriosos. Sin decir una palabra me abrazo y cuando abrió sus brazos – yo ya no existía…

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante

Cada vez que la vuelvo a ver es como volver a nacer

De nada sirve que la estudie – poro a poro, vello a vello, beso a beso, – pies, manos, cabellos, orejas, lunares, pechos, – que la recorra del ombligo a la boca y de la boca a los ojos y de los ojos al alma. A la mujer que embisto, araño, muerdo, estampo contra cielo, asfixió a besos. La mujer que tenía el pelo negro y ahora es castaña, que había sido y será otros colores, otros arrebatos, otras intensidades, otras locuras, otras mezclas prohibidas de trapo y maquillaje. Es más fascinante y misteriosa que nunca podría haber imaginado, comprendido y soñado… Es capaz de abrazarme como una madre, calentarme como una amante y despedirme como una ninfa… hecha de ternura y cristal de venus. Cada vez que vuelve, se esta yendo – cada vez que se va, se queda un poco. Sabe querer como nadie y siempre cree que da poco… Y siempre quiere hacer lo correcto y es incorrectamente perfecta. Pienso en lo maravilloso que es existir, simplemente para verla sonreír. En cómo cambia cada minuto, nunca la veo dos veces del mismo modo. Había pedido un mujer a la vida y me a dado una reina. Que devolvería las lágrimas que he derramado por todas las anteriores. Le amo del verbo “amar” tan profundamente, tan completamente, que cada vez que le vuelvo a ver – es como volver a nacer.

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante

Aprendí a decidir lo que quiero sentir

Aprendí a decidir lo que quiero sentir. No idealizo a nadie, fluyo a contracorriente, abrazo mis sombras, mis defectos y salto al vacío y vuelo – pequeños viajes de la oscuridad a la luz. Existimos porque imaginamos y creer crea realidades. No somos lo que somos, sino lo que pensamos. Pero no te creas todo lo que piensas – pero si todo lo que sientas. Hoy danzo a mi ritmo. Hoy sacudo mis penas y mis miedos. Hoy me libero del mundo y su inmensidad…

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante

Te quiero húmeda de ganas y de lágrimas

Te quiero, no sólo para arrancarte la ropa y hacerte el amor en la cama – el suelo, la pared, la mesa, la silla, el sofá, la ducha, la cocina, la escalera, la terraza. Sino para besarte la frente y besarte el alma. Acariciar tu filosofía y aplaudir tus ideas. Desintegrar tus penas y construir tus risas. Y compartir un silencio íntimo después de que nuestros espíritus copulan. Para cuidarte y defenderte como el soldado más leal y valiente – pero no perfecto. Porque tú eres mi territorio salvaje, mi ciudad con pestañas, mi país con tacones y mi patria eterna – la única en la que creo. Te quiero, no solo para llamarte “amor” o “cariño”. Sino para amar tus miedos y tus sombras. Y alentarte y apoyarte latido a latido en tus objetivos y tus sueños. Y juntos volar por los valles de lo imposible. Para mirarte admirado: Tu belleza codificada de forma binaria; tu caos ordenada y sublime; tu bóveda de gemidos y espasmos; tu enigmático cuerpo del placer y dolor; tu adicción de eclipses y de sonrisas. Te quiero, por todo lo que tienes y crees que te falta. Te quiero libre y un poco mía. Te quiero húmeda de ganas y de lágrimas. Te quiero poeta culta, rebelde, loca sin límites y también melancólica princesa. Te quiero porque me hiciste respirar ochenta suspiros en un segundo – antes de besarte.

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante