Ella me hablaba con sus ojos, y yo le miraba con mi boca. Y así en silencio – liberé sus pies de sus tacones y sus medias – arrancándola una tonelada de tristeza. Aquella noche bailamos descalzos a las orillas de su enorme y extensa cama. La besé tantas veces como puede – bajo el cielo infinito. Su piel desnuda filtraban mis ideas, transformándola en versos perdidos en el espacio y devorados porel tiempo. Mientras su olor a tierra mojada, a libertad, a sexo, a amor y a abismo – invadían mis bosques pulmonares – arrojándome y ahogándome en las profundidades marinas del placer. Es tan corto el gemido del orgasmo y tan largo el aullido del olvido. Pienso en ella, dondequiera que me siente, y siempre hay dos tipos de música sonando: una amarga y otra dulce y todo gira y gira como planetas llenos de recuerdos. Recuerdos de nuestras charlas intermitentes. Recuerdos de que cuando me pedía besos – mordía trocitos de felicidad. Recuerdos de aves fugitivas que construyen una y otra vez con palitos y ramitas – nidos de amor – como nosotros lo hacíamos. En el fondo todo lo que quiero es – volverla a ver – en el amanecer – con el alma despeinada, con los ojos llenos de vida y las sonrisas sin riendas.

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante