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Ella me hablaba con sus ojos, y yo le miraba con mi boca

Ella me hablaba con sus ojos, y yo le miraba con mi boca. Y así en silencio – liberé sus pies de sus tacones y sus medias – arrancándola una tonelada de tristeza. Aquella noche bailamos descalzos a las orillas de su enorme y extensa cama. La besé tantas veces como puede – bajo el cielo infinito. Su piel desnuda filtraban mis ideas, transformándola en versos perdidos en el espacio y devorados porel tiempo. Mientras su olor a tierra mojada, a libertad, a sexo, a amor y a abismo – invadían mis bosques pulmonares – arrojándome y ahogándome en las profundidades marinas del placer. Es tan corto el gemido del orgasmo y tan largo el aullido del olvido. Pienso en ella, dondequiera que me siente, y siempre hay dos tipos de música sonando: una amarga y otra dulce y todo gira y gira como planetas llenos de recuerdos. Recuerdos de nuestras charlas intermitentes. Recuerdos de que cuando me pedía besos – mordía trocitos de felicidad. Recuerdos de aves fugitivas que construyen una y otra vez con palitos y ramitas – nidos de amor – como nosotros lo hacíamos. En el fondo todo lo que quiero es – volverla a ver – en el amanecer – con el alma despeinada, con los ojos llenos de vida y las sonrisas sin riendas.

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante

Su boca melancólica me inspiraban besos de poesía

Le cogí la mano, la apreté firmemente, con los dedos entrelazados. Mil sensaciones me asaltaron al instante desde todas las direcciones.Te deseo como nunca he deseado a nadie y creo que podemos ser muy felices, le susurré. No necesité escuchar su respuesta, podía leerla en su rostro. Durante meses acaricie ese recuerdo. Lo que me atraía de ella eran sus modales naturales, suaves, abundantes – totalmente flexibles. Su mirada tentadora y sensible – llenas de vida. En cada frase que pronunciaba siempre había una onza extra de pasión, una pizca de amor. Su boca melancólica me inspiraban besos de poesía. Caminábamos por cualquier calle a la luz del sol. En cada parada, en cada esquina y en cada semáforo la rodeaba con los brazos y la besaba una y otra vez. Ella ponía cuerpo y alma en aquellos besos. Yo vivía en el séptimo cielo… Donde quiera que estés vuelve cariño. Abraza mi locura y hazme el amor con violencia – como si me odiarás y no me conocieras. Te extraño infinitamente…

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante

Victoria se había ido de mi vida

Victoria se había ido de mi vida, un día simplemente desapareció pura e infinita. No supe nada de ella, no volví a verla. Desde aquel día empecé a leer mucho y a beber mucho. Y mis penas caían como polen entristeciendo a las flores. Los días pasaban como un sueño, y las noches eran la continuación de otro sueño. Sus recuerdos penetraban mi pecho como flechas envenenadas con amor. Cuando estaba toda acicalada y coqueta me preguntaba si estaba bonita y la quería. Yo instantáneamente sonreía y le decía que sí. La rodeaba con mis brazos y le daba un beso ligerísimo. Y le susurraba al oído palabras sin sentido que ella sentía. La esperé cien días y cien noches solo – acompañado de mi deliciosa soledad. Hasta que un día regresó alegre y dichosamente con sus pasos gloriosos. Sin decir una palabra me abrazo y cuando abrió sus brazos – yo ya no existía…

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante

Marilyn Monroe

A veces le gustaba sentirse admirada, sentirse deseada. Ella también como cualquier mujer era vanidosa. A veces soñaba en ser como Marilyn Monroe. Era terriblemente hermosa. Tenía la segunda sonrisa más bonita que había visto en mi vida. Venía del sur del país de los revolucionarios. Ella era media india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo que curvaba al espacio, al tiempo y la luz alrededor de ella. Era fuego y humo – danzante y fluido. Su pelo era negro y largo y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Ella siempre estaba muy alegre o muy triste, muy vestida o muy desnuda. Para ella no había término medio. Los hombres le veían como un máquina sexual; muy pocos miraban más allá de su cuerpo. En la profundidad de sus ojos, en el laberinto de sus ideas, en la inmensidad de su franqueza azul. Pocos sabían que ella pintaba y cantaba a escondidas en las orillas de su soledad. Hoy pensé en ella en cada hora – cuarenta y ocho minutos. Cierro los ojos y viene a mí el recuerdo de su acento nocturno, cuando todos dormían y apenas amanecía nuestra noche; cuando se acercaba sigilosamente como una pantera negra y me rugía al oído: Desnudate no eres culpable… Liberándose de todo prejuicio y siendo quien deseaba ser en ese momento. Comenzábamos a acariciar nuestros miedos, besando cicatrices y dejando escapar gemidos, gritos y un más, más, hasta en enloquecer… Y después de un silencio unísono. Le abrazaba a mi cuerpo y nos dejamos arrullar y acurrucarnos por el ritmo de nuestros corazones desbocados. Aquella noche descubrí quién era, al verme en sus ojos…

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante

Ella me miró firmemente

Ella me miró firmemente retándome con la mirada. ¡Era maravillosa, Su cuerpo era potente, ofensiva y sexy. ¡Ojos de amanecer, labios de almíbar! Por un buen rato la mire completamente hechizado y embrujado, tuve la extraña sensación de mirar a mi destino. Por mis ojos pasaban extrañas visiones y alucinaciones. El sol estaba muy bajo casi acariciando la tierra. Había llegado la primavera, esa delicada y fresca estación en que todo cambia de color y de pena. En ese momento sentí la sangre golpear mis venas con más fuerza. Hola me llamo abismo, le dije. Ella sonrió y echó su pelo para atrás con una de sus manos de seda. Podría jurar que ese instante se volvió poesía…

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante

Yo estoy hecho de otra tela más fuerte

Existo como soy – aunque a veces me vuelva melancolía. Soy fuerte, me dijo. No pretendía deshacer su tristeza que le abrigaba en aquel momento. Simplemente deseaba comprenderla y entenderla. Tenía los ojos aterciopelados y húmedos, ojos oscuros y redondos que brillaban de franqueza y firmeza; de rebeldía y vida. Una energía mediática y poética, teñía todos sus gestos. Ella era una mujer audaz y atrevida con grandes ideas. Hablábamos de la teoría de cuerdas, de la geometría fractal y de la metafísica del sexo. Nunca voy olvidar cuando aquella noche me dijo: ¿Sabes? Yo estoy hecho de otra tela más fuerte. Sé cómo es este mundo. Tú, no. Tú eres un soñador. Un romántico. Un idealista. Tu no sabes, ni imaginarías nunca, lo mala y egoísta que son las personas. Tú sólo vez el lado bueno de todo el mundo. Eres puro, eso es tu debilidad, tu crucifixión y tu bendición. No supe qué responder. Sonreí tenuemente y le cerré la boca con un beso. Ella me rodeo con los brazos y apretó con fuerza su cálido cuerpo contra el mío. En ese instante sentí que una lágrima le corría por la mejilla. Sé que nunca más nos volveremos a ver, me susurró… Donde quiera que esté ella, yo estoy en absoluta oscuridad. Sus recuerdos arden en los clavos, donde me agarró con fuerza – mientras me hundo en la extinción…

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante