Te quiero, no sólo para arrancarte la ropa y hacerte el amor en la cama – el suelo, la pared, la mesa, la silla, el sofá, la ducha, la cocina, la escalera, la terraza. Sino para besarte la frente y besarte el alma. Acariciar tu filosofía y aplaudir tus ideas. Desintegrar tus penas y construir tus risas. Y compartir un silencio íntimo después de que nuestros espíritus copulan. Para cuidarte y defenderte como el soldado más leal y valiente – pero no perfecto. Porque tú eres mi territorio salvaje, mi ciudad con pestañas, mi país con tacones y mi patria eterna – la única en la que creo. Te quiero, no solo para llamarte “amor” o “cariño”. Sino para amar tus miedos y tus sombras. Y alentarte y apoyarte latido a latido en tus objetivos y tus sueños. Y juntos volar por los valles de lo imposible. Para mirarte admirado: Tu belleza codificada de forma binaria; tu caos ordenada y sublime; tu bóveda de gemidos y espasmos; tu enigmático cuerpo del placer y dolor; tu adicción de eclipses y de sonrisas. Te quiero, por todo lo que tienes y crees que te falta. Te quiero libre y un poco mía. Te quiero húmeda de ganas y de lágrimas. Te quiero poeta culta, rebelde, loca sin límites y también melancólica princesa. Te quiero porque me hiciste respirar ochenta suspiros en un segundo – antes de besarte.

Bailando en la oscuridad
─Christiam Bustamante